viernes, 9 de octubre de 2009

God, I love you!

En un principio, sabía que tenía que ir con cuidado. Ella ya no era la misma persona que yo había conocido hacía tiempo, o no era quién y cómo me mostró que era. Yo tampoco era la misma, había intentado seguir, superarme, abrirme al mundo y crecer. Pero Ana sólo se estancaba, y estancarse puede también significar retroceder, cuando eso lleva consigo perder todo lo que se había conseguido.

Yo ya no le hacía bien, aunque ella se empeñaba en querer demostrar lo contrario. Y evidentemente, ella también me había dejado de hacer bien a mí, desde hacía tiempo, pero yo hasta ese momento sentía una especie de compromiso. Tiempo atrás habíamos establecido un título de “hermandad”, y aunque yo ya no sentía ese vínculo, tampoco creía justo abandonar todo a un lado.

Ella ya no me necesitaba de todas formas. Yo no era quién podía satisfacer sus necesidades, que buscaba de hombre en hombre, de cama en cama. Estaba sintiendo como una nube de oscuridad se estaba viniendo encima de mí sin yo haberlo provocado, y me invadió cierto temor. No quise dejarla, pero ya no me quedaban dudas de que era ella quién me había dejado primero.

Pasó el tiempo y el miedo poco a poco se fue yendo. Ella no influía de ninguna manera en mi vida, no hacía ningún tipo de cambio, y aunque quiso seguir fingiendo que todo era como épocas atrás, yo tampoco volví a involucrarme en la suya. Se perdió en mi memoria, como aquella amistad que pudo ser, pero no fue.

Esa noche el cielo estaba tan cerrado que la luna apenas se veía, pero no iluminaba casi nada. Nunca tuve problema en atravesar sola ese parque oscuro, era cosa de todos los días, y hasta se puede decir que lo disfrutaba, al menos hasta esa noche. Un viento cálido y húmedo no dejaba de agitar fuertemente los árboles. Al parecer, la lluvia de verano estaba por llegar en cualquier momento, pero tampoco yo estaba apurada en llegar a casa, con tanto calor un poco de agua fresca no me iba a venir mal al fin de cuentas.

Me gusta caminar, siempre lo hago llevando un ritmo rápido, pero esa noche los sonidos del parque captaron mi atención, parecía que intentaban decirme algo, y yo incluso los percibía como una especie de melodía.

El camino se bifurcó, vi una sombra rara, que traté de ignorar para no volverme paranoica sin motivos. Ese fue mi primer error, debí haber salido corriendo mientras tuve oportunidad. La sombra se transformó en una presencia, y mi curiosidad pudo más. Di media vuelta sobre mi misma, y apareció ante mí la última persona a quién deseaba yo ver.

- Hola Paloma. ¡No sabes cuánto te extrañé!

No pude reaccionar. Sentí cómo las piernas se me debilitaban, como mis reflejos fallaban, y supe que eso había sido un segundo error.
¿Por qué me estaba llamando así cuando ni siquiera ese es mi nombre? Giré la cabeza hacia un lado y hacia el otro, como queriendo buscar esa otra persona a la que Ana se dirigía, queriendo encontrar con mi vista a esa tal Paloma. Pero lógicamente, no había nadie allí, y yo sabía perfectamente que me estaba hablando a mí, y lo hubiese sabido igual, incluso si el parque hubiese estado repleto de personas a mí alrededor.

Me costó reconocerla, pero cuando habló, no tuve dudas de que era ella, de que era su voz. Su ropa estaba sucia, muy sucia. Su jogging negro deportivo estaba cubierto de barro hasta poco más arriba de la altura de las rodillas, la remera con la inscripción de su banda preferida, esa que hacía tiempo nos había unido, estaba empapada, y supuse por su aspecto en general que era de sudor. En uno de sus pies llevaba una zapatilla converse a la que no le pude distinguir su color original por la suciedad que tenía, y el otro pie estaba descubierto, descalzo. Al ver eso, no pude evitar soltar una pequeña risa, una risa nerviosa que se esfumó cuando presté atención a su rostro. Estaba tan sucio como lo estaba su ropa. Tenía todo el pelo sobre su cara, hecho una maraña. Ella trataba de acomodarlo, pero sólo lo ensuciaba más, lo seguía enredando. A través de ellos, pude ver sus ojos, estaban rojos, llenos de excitación. Pero el verdadero temor me invadió cuando reparé en su otra mano, la que no estaba vacía.

- Vení conmigo, Paloma –dijo dulcemente– Tengo algo que mostrarte.
- Paula, me llamo Paula. Creo que te estás equivocando de persona, Ana.

Y ni yo supe a quién trataba de convencer con eso, como si iba a servir de algo, como si mi nombre real pudiera marcar la diferencia.

- ¡Ja! Nadie mejor que yo sabe cómo te llamas, nadie te conoce mejor que yo –me respondió como si yo le hubiese dicho la peor de las ofensas.

Se acercó velozmente a mí, y aunque traté de huir, ya no pude. Su sucia mano embarrada tomó fuertemente de mi brazo, y cuando forcejeé para intentar librarme de ella, alzó con su otra mano la pala que llevaba, y supe que ya ni siquiera tenía opción. Empecé e temblar. Y grité con todas mis fuerzas.

- No pasa nada. Soy yo, Ana. Sabés que podés confiar en mí. –me decía mientras me arrastraba fuera del camino por donde yo estaba caminando, hacia un lugar entre los árboles.

Hubiese llorado de bronca, de frustración, de impotencia, pero eso le habría hecho saber que tenía el poder, o mejor dicho, le hubiese hecho creer que tenía más poder del que realmente ya tenía.

Mis ojos se abrieron de par en par cuando vi hacia dónde nos estábamos dirigiendo. ¡Iba a morir! ¡Esa puta psicópata tenía pensado matarme! La miré a la cara tratando de descifrar sus pensamientos, pero sólo sonreía, con una sonrisa infantil, como un nene entrando a un parque de diversiones.

Tuve mucho miedo de abrir mi boca para hacer esa pregunta, pero no la podía contener. Al fin y al cabo, en aquella circunstancia, no podía perder nada.

- Ana… -dije apenas pudiendo pronunciar palabra- Ana, ¿eso es una tumba?

Maldita costumbre la mía de hacer preguntas sin sentido cuya respuesta no quería escuchar. Pero su reacción me sorprendió. Comenzó a reírse fuertemente a carcajadas, y su risa llegó a aturdirme.

- ¡¿Cómo vas a pensar eso?! ¡Claro que no es una tumba! En una tumba era donde yo estaba antes de que vos aparecieras en mi vida y me salvaras.

Definitivamente, estaba mucho más perturbada de lo que yo creía. Si eso no era una tumba especialmente cavada para sepultarme a mí en ella, ¿entonces qué era? No hizo falta que le preguntara para tener una respuesta.

- Es un refugio, amor. Es un refugio que yo misma construí para vos, para regalarte, para encontrarte cada vez que yo quiera, para tenerte segura para siempre… ¿no es hermoso? –dijo mientras me empujaba hacia ese pozo que resultó ser mucho más profundo de lo que a mí me había parecido desde allí arriba.

- ¡No, Ana! ¡NO! –grité mientras ella ya empezaba a llenar el agujero de tierra con la pala. Era peor de lo que yo creí en un comienzo. No iba a matarme y a enterrarme, iba a hacerlo estando yo viva.

- ¡Ana, por favor, escuchame! Si me sacás de acá yo voy a ayudarte. ¡Ana, no lo hagas!

Su euforia pareció disminuir cuando se agachó y estiró su mano para acariciarme.

- No voy a hacerlo, mi vida. Ahora, con vos, ya no necesito nada.

En ese momento supe que no podía cometer un tercer error, supe que era mi única y última oportunidad. Mientras su mano seguía acariciando mi rostro, tomé de ella, y con todas las fuerzas que conseguí reunir, la empujé conmigo, a lo profundo. Perdió equilibrio y cayó, llevándose la pala con ella. Estaba enfurecida, pude ver entre el desastre de su pelo cubriéndole la cara cómo lloraba. Estaba hecha una furia, se vino sobre mí para golpearme, y fue cuando tomé la pala que había quedado olvidada al lado de ella para defenderme. La golpeé en la cabeza. Quedó inconsciente y sentí pánico al creer que la había matado, pero poco a poco comenzó a moverse, y me di cuenta que tenía que actuar rápidamente para poder escapar. La única salida era trepando por ella, usándola como una especie de escalera, y así lo hice. Ya casi lo lograba, cuando una de sus manos tomó mi pie que estaba sobre su hombro. Nunca me sentí tan decidida como en ese momento, en el que le pegué una patada en la cabeza que aún sangraba por el golpe de la pala.

Logré salir. Estaba exhausta. Tomé un poco de aire y empecé a correr, con las pocas fuerzas que me quedaban. Había empezado a llover. Y mientras corría, mientras huía, por todo el parque retumbaban como ecos las palabras que Ana gritaba desde su propia tumba…

- ¡Yo te amo! ¡Por Dios, te amo!


Blue.
[Gracias Stephen King por la inspiración]

4 comentarios:

·· denn ·· dijo...

No Guishermina! No te podés haber zarpado TANTO con ese cuento! xD
No tengo palabras para describir lo mucho que lo amé, te juro que no xD
Kill the Annies, save the world!

Blue dijo...

Al fin sirvieron para algo... UNA cosa buena tenían que producir :P

Lost Dreams dijo...

waoooooooooo ... me atrapaste en cada palabra, no pude detenerme hasta el final ... Maravilloso escrito =)
Lo que se puede hacer por amor, hasta donde se puede llegar cuando se convierte en obsesion? ... Quien será capaz de explicar los misticismos del amor!
Un beso me fascinoo el escrito

Vik dijo...

ME ENCANTÓOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
buacha :D