jueves, 18 de marzo de 2010

Apuntes

Una vez más, sola. Para tantos podría resultar triste… no para mí. No encajo, y contra eso no puedo hacer nada. Intenté, fallé, no resultó, chau, otro tema, que pase el que sigue. Yo ya no lloro, ni sufro ¡hace tanto que no lo hago! Sólo permanezco en esta eterna anestesia, de la que despierto ciertas noches, en las que él se aparece, en las que yo me aparezco ante él. Ahora la presencia se extiende hasta los sueños, y eso me fascina, todo lo que no puedo explicar con mi mente lo hace, y esto pareciera que rompe cada vez un poco más los límites.

Soy rara, soy diferente, sí que lo soy… y pesa, pero me encanta, no lo puedo evitar, no lo quiero evitar. Soy yo la que día a día tiene las opciones a la vista y siempre elige la misma: la soledad.

Quizás llegue el día en que otra sea la opción que más capte mi interés, y la escoja. Pero eso no va a ser ahora, eso no va a ser acá, ni va a ser con esta “gente”.

Blue.

domingo, 14 de marzo de 2010

Marzo 5

Y así noté cómo las lágrimas iban poco a poco brotando en mis ojos, a medida en que las fotografías pasaban de una a otra entre mis manos. ¿Qué hago yo acá todavía? Queda claro ya que mi lugar en el mundo es aquél que elegí hace tantos años atrás, pero por algún motivo que no puedo especificar, lo terminé olvidando.

¿Y si al fin de cuentas yo terminara perteneciendo a el lugar dónde él está? Independiente de la geografía y del espacio, sólo dependiendo de él y de su presencia. No. Definitivamente no, ese tipo de nociones y pensamientos no encajan con mi persona, y si encajaran, podría responder con alguna incoherencia al estilo de "yo pertenezco donde estoy, porque a él lo llevo conmigo".

Cómo me gustaría que de alguna manera pudieran descubrir algún tipo de reacción química por la cuál me pudieran crecer alas. Y migrar, y poder irme al finalizar cada estación, y ver los árboles por debajo de mí, y por encima de mi cabeza esa cúpula estrellada que me produce tantas sensaciones. Y convertirme en su dueña, o en su propiedad, me da igual. Y volar, libre, feliz, y sin necesidad de absolutamente nada más.



Don't get sentimental
It always ends up drivel
One day I am going to grow wings
A chemical reaction
Hysterical & useless...


Blue.

jueves, 4 de marzo de 2010

Aura

Nunca terminé de entender eso de las auras, de los colores que las determinan, de cómo ciertas características en las personas coinciden debido a aquello, tampoco me detuve mucho a pensar acerca del tema, ni mucho menos mi curiosidad llegó al punto de querer investigar. De lo único que he podido tener certeza, es que aquellos dos seres compartían un mismo tipo de energía, irradiando una misma luz, de un mismo color: azul, por supuesto.

Otra cosa de la que nunca tuve demasiada noción, es sobre cuestiones de la física, de energía, y menos cuando esos conceptos son tomados como parte de lo paranormal, pero entre esas dos personas había un puente que unía sus mentes, que unía sus almas, y que no se podría quebrar ni tirar abajo.

Podían permanecer inmóvil diez minutos con los ojos cerrados, viendo infinidades de tonos azules. Pero al abrirlos, su universo seguía del mismo color, produciéndoles tan agradables sensaciones. Sus palabras se volvían arte, vertidas en tinta, vertidas en música… sus manos producían un nuevo lenguaje, que nadie más que ellos comprendían a la perfección. Los disfraces iban desapareciendo, convirtiéndose todo sólo y nada más que en esa energía interior que se sentía como plenitud… pero incluso la plenitud daba miedo. Una cuenta regresiva iba llegando a su fin, acechando sus conciencias, sus corazones luchaban por una misma causa: así como nunca hubo un comienzo, buscarían que tampoco hubiese un final.

Blue.

martes, 2 de marzo de 2010

Paralelos

[Por Pamela Ortega, para Guillermina]

Ella se sienta en el suelo con la preocupación de que esté demasiado húmedo y se ensucie el pantalón con barro. Sin embargo se sienta. Primero en un lado después, sintiéndose incómoda, en otro. Más cerca de un árbol, para sentirse protegida. Clava la mirada en el suelo y hace el esfuerzo de notar alguna particularidad. Se siente rodeada de vida, pero no ve nada moverse. Sólo ve tierra, piedras, tierra; todo tan muerto, excepto por el pasto, por supuesto. Pero nada se mueve. Se aburre y arranca la hierba con la mano. Un montoncito acá, otro allá, otro más acá. Pronto el aire se impregna con olor a pasto húmedo. Tan fresco ¡Qué maravilla! Le llega hasta los pulmones, la llena, le hace bien. Arranca un poco más.

¿Qué hora es? Las siete. Mira en todas direcciones, pero ninguno de los presentes es a quien busca. Nota que está adormecida. Se para, se sacude y se sienta en un banco. Toma el libro que leva en la mochila, uno sobre un hombre al que se le pierde el gato. Lee una, dos páginas y vuelve a consultar la hora. Aún no han pasado ni diez minutos. ¿Pero qué está esperando? Absolutamente nada. O tal vez, sí. Qué pase algo. Pero eso que ella quiere que suceda es totalmente ilógico. Ilógico por que no puede manipular eso que conocemos como espacio. Eso la frustra, la ha sacado de quicio en más de una ocasión.

¡Qué mierda! No puede concentrarse en la lectura. Guarda el libro, toma su cuaderno y escribe. Escribe sobre los…mira el reloj, últimos doce minutos. Sobre lo que hace, sobre lo que piensa, sobre lo que siente, sobre no poder leer el libro y sobre lo ilógico de querer manipular el espacio.

Sin embargo, todavía le queda una satisfacción (esto también lo escribe), algo así como un presentimiento. Ella sabe que en un mundo paralelo donde el espacio tampoco se puede manipular, se encuentra alguien así como su otro yo (aunque realmente no sabe como es, nunca lo ha visto). Y ella sabe que, siendo él su reflejo en el espejo, también esta sentado escribiendo sobre los últimos doce minutos y las cosas que serían ilógicas si sucedieran.

Pamela Ortega.