martes, 2 de marzo de 2010

Paralelos

[Por Pamela Ortega, para Guillermina]

Ella se sienta en el suelo con la preocupación de que esté demasiado húmedo y se ensucie el pantalón con barro. Sin embargo se sienta. Primero en un lado después, sintiéndose incómoda, en otro. Más cerca de un árbol, para sentirse protegida. Clava la mirada en el suelo y hace el esfuerzo de notar alguna particularidad. Se siente rodeada de vida, pero no ve nada moverse. Sólo ve tierra, piedras, tierra; todo tan muerto, excepto por el pasto, por supuesto. Pero nada se mueve. Se aburre y arranca la hierba con la mano. Un montoncito acá, otro allá, otro más acá. Pronto el aire se impregna con olor a pasto húmedo. Tan fresco ¡Qué maravilla! Le llega hasta los pulmones, la llena, le hace bien. Arranca un poco más.

¿Qué hora es? Las siete. Mira en todas direcciones, pero ninguno de los presentes es a quien busca. Nota que está adormecida. Se para, se sacude y se sienta en un banco. Toma el libro que leva en la mochila, uno sobre un hombre al que se le pierde el gato. Lee una, dos páginas y vuelve a consultar la hora. Aún no han pasado ni diez minutos. ¿Pero qué está esperando? Absolutamente nada. O tal vez, sí. Qué pase algo. Pero eso que ella quiere que suceda es totalmente ilógico. Ilógico por que no puede manipular eso que conocemos como espacio. Eso la frustra, la ha sacado de quicio en más de una ocasión.

¡Qué mierda! No puede concentrarse en la lectura. Guarda el libro, toma su cuaderno y escribe. Escribe sobre los…mira el reloj, últimos doce minutos. Sobre lo que hace, sobre lo que piensa, sobre lo que siente, sobre no poder leer el libro y sobre lo ilógico de querer manipular el espacio.

Sin embargo, todavía le queda una satisfacción (esto también lo escribe), algo así como un presentimiento. Ella sabe que en un mundo paralelo donde el espacio tampoco se puede manipular, se encuentra alguien así como su otro yo (aunque realmente no sabe como es, nunca lo ha visto). Y ella sabe que, siendo él su reflejo en el espejo, también esta sentado escribiendo sobre los últimos doce minutos y las cosas que serían ilógicas si sucedieran.

Pamela Ortega.

2 comentarios:

Cv dijo...

De alguna forma incoherente tengo la idea de que ese alter ego escucha cuando le hablo, y lee lo que le escribo...

Seguí escrbiendo, me gusta mucho cómo lo hacés.

L. dijo...

Este tipo de escrituras son los que más me llaman la atención.