lunes, 19 de abril de 2010

Diagonal Norte

Jueves 15 de Abril de 2010 (16.15 – 17.22)

No sé qué hago escribiendo, porque la verdad es que en éste momento tengo tanto para decir, que eso mismo hace que a la vez no tenga nada.

Estoy sola, sentada esperando, en una tarde gris y fresca. Estoy sentada esperándolo, esperando a que se vuelva a producir magia.

No puedo describir esto, y mucho menos puedo definirlo. Somos diferentes a todos, tenía que pasarnos algo diferente a todo. Y que absolutamente nada pueda definirse, es lo que más me fascina. No me gustan las definiciones… limitan, entorpecen, fuerzan cosas que quizás no son. Éste no es el caso, ésta es una realidad paralela que observa a las demás realidades, y se ríe de ellas, por superficiales, por vacías, por descartables.

No sé dónde vamos, no sé si iremos a algún lado. Me esfuerzo por no pensar, quizás si sigo intentándolo firmemente, en algún momento pueda suceder. Había estado pensando tanto, sintiendo tanto, que cuando de repente alejé mi mirada del foco de atención, las cosas simplemente se dieron. Será porque por algo pasan las cosas. Será que verdaderamente no tengo que ir contra la corriente, sino seguirla, donde me quiera llevar. Y bajar lo más profundo que pueda bajar, sumergirme, empaparme, para después subir lo más alto que pueda subir.

Tantas cosas van tomando sentido ahora, siento que hay significados en todas partes, siento que ahora comprendo todas esas señales que a lo largo del tiempo fueron apareciendo ante mi y preferí ignorar, por no encontrarle lógica aparente, para no volverme loca, más loca de lo que estoy.

A lo largo de mi vida, cada viaje marcó un encuentro, un encuentro con sensaciones, con emociones, con experiencias, con enseñanzas. Cada viaje marcó un reencuentro conmigo misma, porque de tanto en tanto salgo de mí, y me alejo lo más que puedo, huyo de Guillermina, trato de esconderme. Pero otra parte de mí sale corriendo a su búsqueda, porque siempre sospecha en el estado que la va a encontrar: perdida, aturdida, mareada, sin ganas de seguir, sin querer que las dos mitades se unan más, por lo doloroso que suele resultar.

Ésta vez fue diferente, porque mis dos mitades, unidas y sin querer separarse, fueron juntas, sin saberlo, al encuentro con otra mitad, porque lo que tampoco sospechaban era que juntas no estaban completas, creyéndose mitades, no lo eran, eran una proporción más chica, que recién ahora ensamblaron en una totalidad.

Tuve miedo, siempre tengo miedo, miedo a mi misma. Amo el cambio, pero ahora encuentro una excepción. Hay cosas que no quiero cambiar, que necesito que permanezcan así como están, porque por primera vez en mi vida sé que es auténtico, y me hace bien.

Tantos fantasmas hicieron su última aparición para desaparecer por completo de una vez por todas. Los maté, pude con ellos, después de sentir millones de veces que ellos estaban pudiendo conmigo.

Tengo frío, ¡me encanta que haga frío! Se supone que es cuando las casualidades suceden más a prisa. Honestamente, yo no siento la prisa, siento el ritmo perfecto que acompaña cada uno de mis movimientos. Siento tanto que no sé qué siento, me rebalso. No parece real, ni siquiera parece un sueño. ¡Es algo de otro mundo! Y es mutuo, tiene que serlo, ésta vez no sabría cómo reaccionar si no lo fuera.

Hace largos meses pedí con todas mis fuerzas dejar de sentir. No quería dejar de existir, no merecía eso… pero sentir me pesaba tanto. Mi pedido nadie lo escuchó, lógicamente, y si alguien sí lo hizo, resulta que me jugó una muy mala pasada, porque no sólo seguí sintiendo, sino que empecé, poco a poco, a sentir más y más, y ahora siento que eso no puede parar de aumentar, y cuanto más aumenta, más se perfecciona.

Ésta ciudad es dónde más veces fui feliz, feliz de verdad, con ese tipo de felicidad donde sentís que el mundo entero puede desintegrarse en ese preciso momento, que no importaría nada, que sería el momento indicado inclusive.

¿Ahora cuál será la próxima cuenta regresiva? ¿Qué me esperará al final del túnel? Hoy más que nunca veo todo azul, veo reflejos azules por todas partes.

Hoy vuelvo a tomar yo misma el mando de ese barrilete azul, todo tiene armonía, aunque eso también me de miedo. Tengo que ir aprendiendo a arriesgarme, por más que me cueste, destruyendo complejos que ayudaron a construir en mi contra, y yo los terminé adoptando.

Todavía me queda una hora y ya ni sé lo que escribir. Tampoco lo sabía antes y terminó resultando todo eso. No sé por qué escribo tanto, dudo que me lleve a algún lado alguna vez, pero no lo puedo evitar, y sólo sigo a la corriente. Necesito que quede un registro, necesito registrarlo, que sea un poco más concreto, poder palparlo.

Por primera vez siento miles de impulsos que jamás había tenido. Necesidad de abrazarlo, que me mire con sus ojos grandes decorados con esas largas pestañas. Necesito sus pausas, sus silencios, su indecisión. Poder mirarlo de frente para comprobar que en verdad está ahí, que en verdad está acá, que existe, no sólo en mis pensamientos, no sólo en mis sueños, no sólo entre mis papeles, no sólo convertido en tinta ni en bits o energía eléctrica. Existe y me hace existir, me hace salir de mí, pero en unidad.

Él me ve, puede verme, e incluso me podía ver sin mirar.

¿Qué es esto que siento? No lo sé, pero aseguro que nadie lo ha sentido, jamás. Me hace bien, me llena, me une sin atarme, me sumerge sin ahogarme. Me eleva, y vuelo… quiero volar.

Blue.