domingo, 21 de noviembre de 2010

Crónica de invierno

Agosto 2010.

Recién llego a éste lugar y ya me dan ganas de salir corriendo lo antes posible. Se nota que es muy poco yo. Se nota que no es nada yo. A pesar del cielo despejado y el sol brillante sobre mí, no puedo evitar percibir que estoy dentro de un día gris.

Me siento dentro de una jaula con la puerta abierta, pero en lugar de querer mi libertad prefiero encerrarme y aislarme de lo que hay del otro lado. En éste lugar apenas entra la cama, una mesita de luz con un simpático velador rojo, una mesa tipo banco de colegio y una silla. Acabo de darme cuenta de la presencia disimulada del cesto de basura… lástima que todo este lugar completo no cabe dentro.

Necesito de ese lenguaje que ninguna de estas personas podría comprender, lenguaje nuestro, en base a palabras conocidas por la gente común, pero a las que concebimos como algo distinto y único por donde se mire, sin que ni siquiera haya habido acuerdo previo. Siento una constante búsqueda, una constante necesidad. Siento que no pertenezco a ningún lado. Siento que mi lugar sos vos. Mi boca aguarda el reencuentro, pero no desespera… ya te besó en un millón de vidas. Veo a mi alma danzar al ritmo de tu luz, que todo lo envuelve, sin pedir permiso. Imposible reprimirme, imposible no entregarme. Amarte es amarlo todo.

Últimamente parezco comprender que nadie le hace nada a nadie. Las cosas simplemente suceden si uno así lo permite. Hay una verdad, no podemos escaparnos de nosotros mismos.

Tengo un “dios” a mi medida. Mi dios es energía, no es persona, no es palabra, no es comunidad. Mi dios no quiere que se arrodillen ante él, que gasten cantidades impresionantes de dinero para brindarle culto con frivolidades, ni que repitan de manera automática y primitiva frases sin sentido de siglos atrás. Mi dios no promete castigo de fuego y dolor.

Mi dios es la lógica, y ella no me pide que le rindan culto, no pide sometimiento. Es impresionante como algunas personas quieren poner su mirada superflua y desviada en situaciones que son claras, transparentes, nítidas, sinceras, simples y sobre todo naturales. Es simplemente una fantasía. No se trata de otra dimensión, de algo diferente a lo que vemos, sino cómo lo vemos.

¿En qué creo? Todo aquello en lo que creemos es lo que creamos. La única verdad es la mí. La única libertad es la que nos hace auténticos.


"La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas".