viernes, 3 de diciembre de 2010

Soembie

Un olor lo suficientemente desagradable como para generar un impacto, entró de forma violenta por sus sentidos. No logró distinguir exactamente qué era ni de dónde provenía. Parecía estar invadiéndolo todo, y algo le alertaba que era alguna cosa conocida por ella, pero maximizado de una forma en verdad preocupante, repugnante. No lograba descomponerla, quizás por no ser tan sensible como para que eso sucediera, porque sin dudas cualquier persona más normal quedaría asqueada ante tal hedor.

¿Qué había cambiado en el ambiente? ¿Hacía cuánto ese silencio sepulcral lo había invadido todo? Debía de haber estado muy ensimismada en sus pensamientos al no haber distinguido el momento preciso, pero el cambio era innegable. Sentía ruidos lejanos, gritos provenientes de varios puntos desiguales… gruñidos, ¿eso que estaba escuchando eran gruñidos?

Trató de asomarse por la ventana, buscando captar algún tipo de indicio de la situación. Nada. El sol alumbraba normalmente, pero aún así todo estaba cubierto con una inusual anormalidad que no podía describir. Parecía todo muerto; una calle muerta, un barrio muerto, una ciudad hundida en una omisión mortal.

“No”, pensó. Todo eso no debía de ser más que fantasías creadas por su imaginación, producto de tantas historias de ese estilo que ella había leído e investigado, y que la fascinaban de una manera inverosímil. ¿Pero si en verdad estaba pasando? No podía ser, en verdad no podía ser.

Trató de distraerse, pensar en otra cosa. Encendió la radio, la música ayudaría, pero terminó apagándola luego de sólo unos minutos, al percatar que era imposible sintonizar alguna estación. Tal vez el aparato se le había dañado, pero esta idea fue descartada una vez que encendió el televisor y se encontró con una situación similar.

Un sorprendente éxtasis la comenzaba a invadir. ¿Dónde había dejado su teléfono? No podía recordarlo. El olor a óxido podrido se intensificaba, los gritos se oían, poco a poco, cada vez más cerca. ¡Ahí estaba! Muerto, tal y como lo había sospechado, sin ni siquiera señal.

La adrenalina se apoderó de ella. Salió con rapidez hacia la calle. Nada. Era como estar viendo una imagen congelada por completo; sólo el viento parecía advertirle que no estaba observando un cuadro inmóvil.

Caminó y caminó. Todo era sorprendentemente similar, salvo por la intensidad del olor que iba en aumento, y por los gritos, que ya escuchaba con desgarrada nitidez. Un hombre pasó corriendo velozmente junto a ella. No logró emitir palabra, pesa a las miles de preguntas que podrían ocurrírsele en ese momento para hacerle. Fue todo tan rápido que sólo tuvieron tiempo de intercambiar una mirada. Aterrado, sin detener su marcha ni disminuir su velocidad, aquél hombre se limitó a gritarle desde los metros que ya los separaban: “¡Huí!”.

¿Qué estaba pasando? Algo le decía que aún no era tiempo para volver atrás. Unos minutos más tarde, ella empezaba a entenderlo todo. Aquél ser extraño se le acercaba sigilosamente, con pasos torpes, lo suficientemente torpes como para que pudiera observarlo con atención, antes de echar a correr. Se acercaba mostrando agresivamente sus dientes. Cubierto de sangre, tenía la ropa tan rasgada como parte de su piel, como parte de su cuerpo. Sus ojos blancos la miraban con un hambre escalofriante. Ese ser era un no-ser.

Ahora en lugar de caminar, corría, en dirección inversa por donde venía. Corría como aquél hombre que le había alertado tan sólo hace pocos minutos la amenaza que se aproximaba. Pero había algo que los diferenciaba completamente: ella no corría aterrada, ella no sentía la más mínima señal de miedo.

Ya de nuevo en su casa, cerró con seguro su puerta se dirigió a la habitación, sin no controlar antes que no hubiera otra presencia en el lugar. Se agachó y de debajo de la cama sacó una gran caja de madera, esa que tenía sobre ella ese símbolo tan raro para cualquier otro tipo de persona, aquella que hacía tiempo venía preparando para una situación como ésta.

“Cuando no haya más lugar en el infierno, los muertos caminarán sobre la tierra”. Por fin había llegado el momento que hace tanto estaba esperando. Y, absolutamente feliz, salió preparada para destrozar cabezas.

1 comentario:

Soe Biohazard dijo...

Te voy a decir algo querida: No podes ser tan grosa !

O sea..ES PERFECTO !! Me encanta !! Quiero tus libros YA !! Yo te los auspicio como sea !!

Gracias, en serio, ..re que leo cosas asi y sonrio (voy a estar con cara de boluda un rato largo :D) Sos una genia !!